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Historias de Chicago, cuna de modernidad y arquitectura de alta costura

“Siempre he afirmado que los sitios son más fuertes que las personas, el escenario más que el acontecimiento” Aldo Rossi…

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Siempre he afirmado que los sitios son más fuertes que las personas, el escenario más que el acontecimiento

Aldo Rossi (1931-1997), arquitecto milanés

La importancia del Gran Incendio de Chicago radica, no tanto en el incendio, sino en los cambios que generó la reconstrucción de la ciudad, y que parecen ser el inicio de la arquitectura moderna. El Gran Incendio tuvo lugar la noche del 8 de octubre de 1871 en el sureste de la ciudad, y duró dos días. Más de 17.000 edificios destruidos. Chicago era una ciudad de madera antes del 1871, y sus edificaciones tenían, como máximo, seis plantas de altura. A partir de ese momento, se plantearon nuevas leyes que aseguraran la resistencia al fuego, proponiendo nuevos materiales estructurales. Un primer paso hacia la modernidad se acababa de plantear.

Imagen de Chicago después del incendio. Fuente: Wikimedia Commons

La ciudad resurge de sus cenizas. La Escuela de Chicago, cuna de modernidad

Los Estados Unidos no parecían tener entonces una tradición arquitectónica real más allá de la puramente constructiva del balloon frame (aunque la verdadera tradición americana era el cine). A lo largo de los siglos XVIII y XIX, la construcción en Estados Unidos era esencialmente colonizadora, y los edificios se levantaban a gran velocidad para solidificar los asentamientos. Para este fin se desarrolló este sistema tan útil, el balloon frame, que consiste esencialmente en una estructura de madera ligera, atomizada en pequeñas partes y, normalmente, embebida en las fachadas. Se trata de una arquitectura heredera de los decorados y las tramoyas teatrales y que, a pesar de que de entrada no ofrece durabilidad, ha perdurado hasta nuestros días.

Con la aparición de la Escuela de Chicago se iniciará la primera gran corriente de arquitectura americana, la ciudad resurgirá de sus cenizas con menos ataduras que nunca. La burguesía industrial quiso reconstruir de nuevo sus oficinas, viviendas, almacenes, edificios comerciales y hoteles de forma rápida y sólida, y sobre la misma retícula de la ciudad previa. La población se multiplicó por diez en los veinte años siguientes, en los que la especulación disparó el precio del suelo. Había pues, que aprovechar el espacio, y la solución era edificar en altura (no existían entonces limitaciones en este sentido). Un grupo de arquitectos e ingenieros iniciaron esta reconstrucción y pusieron en marcha toda una serie de principios:

  • El uso de nuevos materiales estructurales como el hierro fundido, que derivó, finalmente, en el acero. Se empezó también a usar el hormigón armado. Con estos esqueletos estructurales, la fachada se libera de funciones previas y empezamos a ver vidrio como cierre, así como las primeras cajas de vidrio del siglo XX.
  • Se mejoran los sistemas de cimentación.
  • Se aplicó el invento del ascensor del siglo anterior, primero de vapor (Otis, 1864), después de propulsión hidráulica (Baldwin, 1870) y, finalmente, eléctricos (Siemens, 1887), lo que resolvió el transporte vertical en los edificios en altura.
  • En el exterior hubo una “depuración” de los elementos decorativos y se apostó por superficies más lisas, de vidrio, un lenguaje geométrico de retículas. Aún así, los edificios no estaban exentos de decoración.

El pionero, en ese momento, fue el arquitecto William Le Baron Jenney (1832-1907). Seguía una tendencia más estructuralista y construyó piezas como el First Leiter Building (1879), ya derribado y primer edificio alto (7 plantas) sostenido por una mezcla de pilares y vigas de hierro, envuelto exteriormente con ladrillo. El Home Life Insurance Building (1885), dio otro paso, consiguiendo una estructura totalmente metálica y disminuyendo la función sustentadora del muro.

Después construyó otros edificios, un segundo Leiter Building (1889), Manhattan Building (1890), con lo que llegó a las dieciséis plantas por primera vez en la historia. También el equipo Burnham (arquitecto) y Root (ingeniero) fue parte fundamental del desarrollo de la arquitectura de Chicago, con obras como el Montauk Building (1881), derribado en 1902, el Rookery Building (1886) o el Moadnock Building, con el esquema exterior de bow-windows, introduciendo un ritmo ondeado en la fachada, al tiempo que acentuaba la altura del bloque (17 plantas).

En la corriente neomedievalista encontramos como principal representante a Louis Sullivan (1856-1924), que había trabajado en el estudio de Le Baron y, después, en el del danés Dankmar Adler (1844-1900), con quien pronto se asoció (1881) y con quien colaboró en más de cien construcciones. Sullivan fue también el maestro de jóvenes arquitectos que sorprendieron a la sociedad americana, como por ejemplo, Frank Lloyd Wright.

Imágenes exteriores del edificio Auditorium (1887) de Louis Sullivan

Una de sus principales obras fue el Auditorium (1887), un colosal teatro de ópera con una capacidad para 4.200 personas y que también incluye oficinas y hotel. Es de aspecto macizo y con un característico basamento de acolchado rústico que recorre todo el perímetro. Con Sullivan surgió un nuevo estilo americano (tal vez el primero) que evitaba las imitaciones históricas como en el estilo Beaux Arts.

La Escuela de Chicago se basaba en la búsqueda de nuevas soluciones funcionales para conseguir el máximo aprovechamiento del suelo edificable, proponiendo la nueva tipología de rascacielos que, años más tarde, configurará la nueva fisonomía de las grandes ciudades.

La Exposición Colombina de Chicago (1893), un paso atrás

En la evolución de la Escuela de Chicago, la Exposición Colombina marcó el fin (o al menos, una pausa y un retiro) de una intensa actividad de investigación.

La Exposición Mundial Colombina, celebrada en Chicago en 1893, supuso la construcción de más de doscientos edificios temporales (de estilo neoclásico), canales, lagunas, y fue la primera exposición de la historia con pabellones nacionales. Se situó en Jackson Park y sus alrededores. Todos los edificios se pintaron de blanco, por ello el recinto ferial se conoció como Ciudad Blanca. Este acontecimiento sirvió para demostrar al mundo que la ciudad se había recuperado del Gran Incendio de 1871 que destruyó gran parte de ella.

Noria de la Exposición Colombina de Chicago de 1893

El recinto ocupaba 256 hectáreas, y fue también la primera exposición mundial con un parque de atracciones (con la primera noria de la historia).

El proceso de recuperación fue inmediato (esto es América). Sus autores, Daniel Burnham (arquitecto y urbanista) y Frederick Law Olmsted (paisajista), que también diseñaron el Central Park de Nueva York, crearon una “ciudad” utópica de edificios blancos. La feria se abrió al público durante seis meses. En la actualidad solo quedan dos de aquellas construcciones: El Museo de la Ciencia y la Industria y el Instituto de Arte de Chicago. El resto, se destruyó.

Años más tarde se inició el Plan de Chicago (Plan Burnham), pilar fundamental del urbanismo norteamericano durante aquellas décadas. Aunque la Exposición Colombina propugnó un paso atrás, un retorno a los estilos históricos y, en especial, al neoclasicismo, la semilla innovadora de la Escuela de Chicago ya se había introducido de tal manera que la arquitectura moderna resurgió de manera arrolladora en el primer tercio del siglo XX.

Frank Lloyd Wright, un caso excepcional

Wright vivió a caballo de los siglos XIX y XX, y asumió con entusiasmo los cambios sociales, industriales, nuevas maneras de trabajo, e ideó un nuevo modelo arquitectónico orientado a las necesidades del nuevo americano moderno. Se trasladó a Chicago en 1887 para trabajar como dibujante en el estudio de arquitectura de Adler y Sullivan y, seis meses más tarde, abrió su propio despacho y empezó a firmar proyectos.

Su nuevo estilo, en el que los edificios se vinculaban directamente a su función y su entorno, se enfrentaba al gusto imperante del momento. Con lo que él denominó “arquitectura orgánica” y el concepto de “planta libre”, en la que predominan los espacios abiertos e intercomunicados, dio origen a una arquitectura genuinamente americana, alejada de la europea.

Los edificios que Wright construyó en Chicago ciudad y en su entorno muestran las líneas de su estilo tan particular: la arquitectura como concepto completo, donde los materiales, la estructura, el paisaje e, incluso, la decoración del interior están íntimamente relacionados entre ellos. En la Robie House (en el barrio de Hyde Park) o en el Unity Temple y la casa-estudio de Wright en Oak Park, experimentó conceptos que aplicó años después a obras suyas consagradas y que se han convertido en referencias arquitectónicas.

Arthur B. Heurtley House de Wright y dos casas de otros autores (en contraste) en el mismo recinto de Oak Park

Interior de la casa-estudio de Wright. Uno de los rasgos característicos de su arquitectura es la relación que mantienen sus edificios con la naturaleza

Vista exterior e interior de la casa Robie, de Wright, en el barrio de Hyde Park. La madera también ha tenido un papel protagonista en su obra

Interior de la Trinity Church, de Wright

Arquitectura de alta costura. La Segunda Escuela de Chicago

Mies van der Rohe en Chicago

Hacia finales de los años treinta, y con la llegada de Mies van der Rohe a Chicago, se empezaron a desarrollar unos nuevos planteamientos a la arquitectura precedente: serían los nuevos planteamientos de la Segunda Escuela de Chicago.

Mies llegó a Estados Unidos en 1937, y empezó diseñando el Campus del Nuevo Instituto de Tecnología de Illinois (ITT), con el conocido Crown Hall (en el que se puede plasmar con todo esplendor su frase y principio less is more), o la capilla Saint Savior, la única iglesia realizada por Mies y conocida también como God Box. En el mismo campus se encuentran otras obras de otros autores como el Hernan Hall, de SOM, o el Mc Cormick Tribune Campus, de Rem Koolhass, y la novedosa Saint Village, de Murphy y Jahn. En el centro de la ciudad, otras obras de Mies como la sede de IBM, el Chicago Federal Center y el One Illinois Center, entre otros. La coherencia entre Mies y sus discípulos, como Skidmore, Owings & Merrill, durante sus obras desarrolladas tras la Segunda Guerra Mundial, permite agruparlos como Segunda Escuela de Chicago.

Illinois Institute of Technology, un campus abierto en plena ciudad

Mies fue nombrado director del departamento de Arquitectura del IIT en 1938, y cuando el Instituto decidió construir un nuevo campus de 44 hectáreas, el arquitecto recibió el encargo de diseñar el plan general y proyectar los edificios. Tenía que ser un campus residencial para más de 10.000 personas, en un entorno con un paisaje agradable. Había que garantizar una unidad compositiva de los edificios, que alojarían funciones diversas.

Mies optó por una construcción carcasa aparente, dado que, según él, “solo una expresión nítida de la estructura puede crear una solución arquitectónica duradera”. El Campus se basa en una retícula estructural tridimensional a partir de un aula tipo (unidad): un cuadrado de 7,20 metros de lado y una altura de 3,60 metros.

Capilla Saint Savior, Mies van der Rohe

El Crown Hall

Es la primera realización a gran escala del concepto de edificio de planta libre de Mies. El edificio, que alberga la Escuela de Arquitectura y Urbanismo y el Departamento de Diseño IIT, mide 36,50 metros de ancho por 67 metros de longitud y una altura de 5,50 metros. El acceso, por el sur, se realiza por medio de una gran escalinata, interrumpida en el punto medio por una plataforma flotante (un elemento independiente del edificio y que articula la transición con el terreno).

Vistas exterior e interior del Crown Hall, dentro del recinto del Illinois Institute of Technology, actual Universidad de Arquitectura

Lake Shore Drive Apartments (1948-1951)

Dos torres de apartamentos en los que Mies adaptó los conceptos de espacio que había desarrollado en el Illinois Institute of Technology al ámbito de las estructuras de gran altura. Los edificios no fueron muy admirados en el momento en que fueron construidos, pero aun así, pasaron a ser el prototipo de rascacielos de acero y vidrio en todo el mundo. 

Federal Center of Chicago (1959-1973)

Ocupa una manzana y media del distrito financiero de la ciudad (el loop). Mies veía la necesidad de concebir espacios públicos adecuados para zonas tan congestionadas como esta, y este fue un aspecto de vital importancia en el proyecto. Así pues, repartió el complejo en tres edificios: una torre de 30 plantas con oficinas; los Tribunales, una segunda torre de oficinas de 42 plantas, y una oficina de correos de un solo nivel como tercer componente del conjunto. Estaban dispuestos de tal manera que se creaban dos plazas intercomunicadas. Las plantas bajas son totalmente transparentes y el espacio fluye, así, a través de los edificios.

Vistas exteriores del Federal Center de Mies van der Rohe

This is Marina City

This is Marina City es un documental sobre el ambicioso proyecto de Bertrand Goldberg para revitalizar el contexto urbano de Chicago con una “ciudad dentro de la ciudad”, que es como él mismo definía el proyecto. Se trata de un complejo de uso mixto en los márgenes del río Chicago, formado por dos torres gemelas residenciales de 65 plantas, con más de 400 apartamentos y una espiral de aparcamientos (las 20 primeras plantas), un auditorio, oficinas y, todo ello, sobre una plataforma comercial. Goldberg evitó el ángulo recto en su composición (el ángulo recto no existe tampoco en la naturaleza, opinaba). Las dos torres tienen un núcleo estructural (cilindro de hormigón) de unos 10 metros de diámetro, en el que se alojan las circulaciones verticales y las instalaciones.

Vistas exteriores del conjunto Marina City

La impactante presencia de este conjunto en la ciudad es indiscutible, no puede pasar desapercibido, imposible. Ha aparecido en varias películas, como Hunter (1980), Ferris Bueller’s Day Off, The Blues Brothers o The Caballero oscuro, así como en la portada del álbum de Wilco, Yankee Hotel Foxtrot (2002).

Chicago and other such stories…

La tercera Bienal de Arquitectura de Chicago 2019 tuvo lugar desde el pasado mes de septiembre hasta el mes de enero del año en curso. Abordaba principalmente cuestiones sociales, poniendo el énfasis en el derecho a la vivienda, que trató durante cuatro intensos meses de actividades, bajo el título de… And other such stories

El histórico edificio del Chicago Cultural Center es la sede principal de la Bienal, pero hay más de cincuenta lugares más asociados a ella repartidos por la ciudad. A veces, las propuestas y los debates parecen toparse con la realidad arquitectónica de la ciudad, que, lejos de discursos sociales y verdaderamente sostenibles, parecen defender el puro espectáculo y el consumo más feroz (la todavía vigente American way of life).

Muy cerca de Marina City, y a los pies del edificio IBM de Mies van der Rohe, en la AMA Place, cuarenta sillas repartidas en hilera invitan a sentarse y disfrutar del panorama arquitectónico, del río y, según como, del viento. Aunque son, aparentemente, unas bonitas sillas de exterior apilables, hechas de poliuretano y marco de aluminio, resistentes a la intemperie y con protección ante los rayos ultravioleta, no se trata de cualquier silla, sino que nos encontramos ante la imitación de la mítica silla Barcelona del maestro Mies. Barceloneta es una obra de la diseñadora italiana Raffaella Mangiattori de ya casi hace diez años, y que se instaló en este espacio en abril de 2018.

Es importante saber que un estudio de arquitectos barcelonés dejará huella arquitectónica en uno de los museos más importantes del mundo y con sede en Chicago: el Art Institute. Un edificio que fue uno de los dos supervivientes de la Exposición Colombina de 1893, y que se amplió con un ala moderna en 2009 de Renzo Piano. El Art Institute del siglo XXI quiere llevar el sello de un estudio de arquitectos catalán, Barozzi Veiga. Se trata de una profunda transformación y de unas obras que se pueden prolongar más de una década.

Si nos situamos en el punto en el que confluyen el río Chicago y el lago Michigan, nos topamos con un gran agujero enigmático, de 23 metros de diámetro y 24 metros de profundidad, lleno de agua. ¿Qué podría ser esta gran herida perfectamente circular, muda y en pleno centro de la ciudad?

Se trata de la huella de lo que eran los cimientos del Chicago Spire, un megaproyecto de rascacielos diseñado por Santiago Calatrava. Debía tener una forma de espiral, con 610 metros de altura, superando solo al One World Trade Center de New York. Las obras comenzaron en 2004 y tenían que llegar a construirse 1.200 apartamentos y un hotel de cinco estrellas. La crisis financiera de 2008 detuvo el proceso. En todo este tiempo, se han lanzado algunas propuestas de reutilización de este espacio: una enorme piscina que funcionaría con la misma agua filtrada y purificada del lago Michigan (UrbanLab), una planta hidroeléctrica que generaría electricidad para la zona (Michael Day , VOA arquitectos), un santuario para pájaros (Peter Schaudt, paisajista), u otras ideas, como un anfiteatro subterráneo o una gran bañera de hidromasaje, entre otros.

Iba a ser el segundo edificio más alto del mundo y, de momento, seguirá siendo un agujero que da mucho que pensar.

Vista aérea de la zona del proyecto no construido del arquitecto Santiago Calatrava

Vistas de Chicago desde el río

Chicago, una ciudad reconstruida de las cenizas del Gran Incendio de 1871, primero con la aparición de los primeros rascacielos, después con el boom de la posguerra y, ahora, ya en otra realidad, la nuestra, que no premia la investigación ni la distinción, sino el espectáculo y el consumo. Esto es América.

La gran columna de estilo griego será construida, si no en Chicago, en otra ciudad. Si no para el Chicago Tribune, para cualquier otra entidad. Si no por mí, por cualquier otro arquitecto

Adolf Loos

The Chicago Tribune Column, Adolf Loos

La autora: Cristina Arribas es arquitecta

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